28/8, a las 19,45 hs.Charla en CABA a beneficio de la Fundación Franciscana Pies Descalzos

El 28 de agosto a las 19,45en el colegio Champagnat (en CABA) voy a dar una charla a beneficio de la Fundación Franciscana Pies Descalzos. 
Vayan reservando entradas!
Ellos trabajan con familias en situación de pobreza para que puedan desarrollar sus capacidades a través de distintos proyectos: estimulación temprana, créditos, alfabetización, emprendimientos productivos, talleres para adolescentes, psicolgía, talleres para madres, etc. Trabaja en los barrios de Lómas de Mariló (Moreno) y Ejército de los Andes, conocido como Fuerte Apache (Ciudadela). Pueden ver su página web en www.piesdescalzos.org.ar

Sábado 2 de agosto en La Nación: La empatía fortalece la autoestima

El hecho de comprender y poner en palabras lo que nuestros hijos piensan y sienten, nuestra repuesta empática, eleva (y mucho) su autoestima.  Sucede que así les damos lugar para que conozcan, acepten, validen, la gama completa de sus emociones, sentimientos y pensamientos, sin juzgarlos como buenos o malos, correctos o incorrectos.
Durante los primeros años la opinión de los padres para los chicos es “palabra santa”, nos creen sin dudar,  y por eso nuestro reconocimiento y aceptación, no sólo de sus zonas luminosas sin también de las oscuras (como celos, rivalidades, egocentrismos, codicias, perezas, enojos, vergüenzas, sensibilidades, miedos, tristezas, y muchas más), les permite a ellos validarlas y aceptarlas como propias.  
Cuando sólo “aprobamos” las zonas luminosas (bueno, respetuoso, responsable, obediente, considerado, amable, esforzado, valiente, cordial…), aunque no sea explícitamente,  les mostramos que un parte de sus personalidades no nos gusta, o no nos parece bien. Cuando en cambio podemos comprender toda la amplia gama de sus pensamientos y sentimientos ellos perciben que todo en ellos nos gusta y lo consideramos aceptable.  De todos modos ¡cuánto más fácil es aceptar los  rasgos luminosos que los oscuros!
Pero no olvidemos aquello que vimos en otras oportunidades: a pesar de comprender muchas veces tendremos que poner límites a su conducta por cuestiones morales, de salud o de seguridad, o por otras menos esenciales como tiempo o temas económicos.
A veces no comprendemos  y lanzamos frases como “¡no te podés poner así por esa pavada!,  “¿cómo te vas a enojar por eso?”,  “es ridículo lo que decís”, “no discutas, ya sabés que es la hora de…”, “ le tenés miedo a ese cuzquito?”, o “cómo vas a  tener hambre si acabamos de terminar de comer” (los ejemplos son infinitos).   ¿Qué ocurre entonces? Bueno, con esos comentarios ellos creen que  piensan mal, que lo que dicen no tiene sentido ni razón de ser, que desean cosas equivocadas, que sus sentimientos no corresponden y no deberían tenerlos.  Y como no dudan de nuestra palabra sino de ellos mismos y de su mundo interno llegan a la conclusión de que son tontos, o malos, o demandantes, celosos, egoístas, cobardes….   que no aprobamos una gran parte de las ideas y temas que brotan desde adentro de ellos.. 
Lo hacemos por maldad?  ¡No!, es algo que aprendimos de chicos y seguimos haciendo lo que nuestros padres hicieron con nosotros.  También lo hacemos por amor a nuestros hijos: no queremos que sufran y tratamos de convencerlos que lo que ocurre no amerita ese dolor o ese enojo.  Pero por este camino se lesiona la imagen de sí mismos.
Cuando en cambio empezamos respondiendo “cómo te duele que no te hayan elegido para le acto”, “es que molesta que no inviten a  todos al cumple”, “”te asustan las cosas nuevas”, “estaría buenísimo comer un alfajor ahora”, o “qué rabia que se suspenda el partido por lluvia!” y otras respuestas empáticas,  queda implícito que vale todo lo que sienten, aunque no siempre se pueda hacer lo que ellos quieren.  
Así, de a poco, se acostumbran a mirar hacia adentro de ellos para saber lo que les pasa o sienten.  Este es un paso fundamental en la construcción  de una autoestima sólida.  Porque si durante los primeros años la autoestima depende de la mirada de los padres, luego se va internalizando y al crecer, en condiciones ideales, debería depender de nosotros mismos.  Es muy difícil tratar de agradar y de sentirnos aprobado por las personas de nuestro entorno.  Imaginen lo que les pasa a los chicos no la van fortaleciendo se ven tironeados entre esas personas cuyas miradas aprobadoras buscan, sin saber cuál elegir, a cuál renunciar y lo más complicadoo: cómo aprobarse  a sí mismos.


Link directo al pdf

Algunas personas no pudieron bajarlo con el link anterior, por eso va este link.
http://www.ala.com.ar/wp-content/uploads/Dossier-Ala-Alentar-a-nuestros-hijos-Por-Lic-Maritchu-Seitun-para-Ala.pdf